SIMÓN RODRÍGUEZ



Notas acerca de Simón Rodríguez, el Maestro de Simón Bolívar.

Tomadas del libro: MEMORIAS DEL FUEGO de Eduardo Galeano.

 

 

 

 


 

1796

San Mateo

Simón Rodríguez

Orejas de ratón, nariz de borbón, boca de buzón. Una borla roja cuelga, en hilachas, del gorro que tapa la temprana calva. Los anteojos, calzados por encima de las cejas, rara vez ayudan a los ojos azules, ávidos y voladores. Simón Carreño, Rodríguez por nombre elegido, deambula predicando rarezas.

Sostiene este lector de Rousseau que las escuelas deberían abrirse al pueblo, a las gentes de sangre mezclada; que niñas y niños tendrían que compartir las aulas y que mas útil al país seria crear albañiles, herreros y carpinteros que caballeros y frailes.

Simón el maestro y Simón el alumno. Veinticinco años tiene Simón Rodríguez y trece Simón Bolívar, el huérfano más rico de Venezuela, heredero de mansiones y plantaciones, dueño de mil esclavos negros.

Lejos de Caracas, el preceptor inicia al muchacho en los secretos del universo y le habla de libertad, igualdad, fraternidad; le descubre la dura vida de los esclavos que trabajan para él y le cuenta que la no me olvides se llama : "myosotis palustris". Le muestra cómo nace el potrillo del vientre de la yegua y cómo cumplen sus ciclos el cacao y el café. Bolívar se hace nadador, caminador y jinete; aprende a sembrar, a construir una silla y a nombrar las estrellas del cielo de Aragua. Maestro y alumno atraviesan a Venezuela, acampando donde sea, y conocen juntos la tierra que los hizo. A la luz de un farol, leen y discuten "Robinsón Crusoe" y " las Vidas" de Plutarco.



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1797

La Guaira

El compás y la escuadra.

Por fuga del maestro, se interrumpe la educación de Bolívar. Simón Rodríguez, sospechoso de conspiración contra el rey, pasa a llamarse Simón Robinsón. Desde el puerto de la Guaira, navega hacia Jamaica, hacia el exilio.

Los conjurados querían una América independiente y republicana, sin tributo indígena ni esclavitud negra, libre del rey y del papa, donde las gentes de todas las razas serían hermanas en la razón y en Jesucristo.

Masones criollos, de la logia que Francisco de Miranda ha fundado en Londres, encabezaban el movimiento. Se acusa también a tres masones españoles, desterrados en Caracas, y se dice que en la conspiración había franceses sabios en revoluciones y guillotinas. Los allanamientos descubrieron mas libros prohibidos que armas peligrosas.

En la plaza mayor de Caracas, descuartizan a España. A José María de España, jefe de la conjura.

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1826

Chuquisaca

Maldita sea la imaginación creadora.


Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, ha regresado a América. Un cuarto de siglo anduvo don Simón al otro lado de la mar: allá fue amigo de los socialistas de París y Londres y Ginebra; trabajo con los tipógrafos de Roma y los químicos de Viena y hasta enseño primeras letras en un pueblito de la estepa rusa.

Tras el largo abrazo de la bienvenida, Bolívar lo nombra director de educación en el país recién fundado.

Con una escuela modelo en Chuquisaca, Simón Rodríguez inicia su tarea contra las mentiras y los miedos consagrados por la tradición.

Chillan las beatas, graznan los doctores, aúllan los perros del escandalo: horror: el loco Rodríguez se propone mezclar a los niños de mejor cuna con los cholitos que hasta anoche dormian en la calle. ¿Que pretende? ¿Quiere que los huérfanos lo lleven al cielo? ¿O los corrompe para que lo acompañen al infierno? En las aulas no se escucha el catecismo, ni latines de sacristía, ni reglas de gramática, sino un escrepito de sierras y martillos insoportable a los oídos de los frailes y leguleyos educados en el asco del trabajo manual. ¡Una escuela de putas y ladrones! Quienes creen que el cuerpo es una culpa y la mujer un adorno, ponen el grito en el cielo: en la escuela de don Simón niños y niñas se sientan juntos, todos pegoteados; y para colmo estudian jugando.

El prefecto de Chuquisaca encabeza la campaña contra el sátiro que ha venido a corromper la moral de la juventud. Al poco tiempo el mariscal Sucre, presidente de Bolivia, exige a Simón Rodríguez la renuncia, porque no ha presentado sus cuentas con la debida prolijidad

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1.826

Las ideas de Simón Rodríguez:

« Para enseñar a pensar»

Hacen pasar al autor por loco. Déjesele trasmitir sus locuras a los padres que están por nacer.

Se ha de educar a todo el mundo sin distinción de razas ni colores. No nos alucinemos: sin educación popular, no habrá verdadera sociedad.

Instruir no es educar. Enseñen, y tendrán quien sepa; eduquen y tendrán quien haga.

Mandar recitar de memoria lo que no se entiende, es hacer papagayos. No se mande, en ningún caso, hacer a un niño nada que no tenga su «porqué» al pie. Acostumbrado el niño a ver siempre la razón respaldando siempre las ordenes que recibe, la echa de menos cuando no la ve y pregunta por ella diciendo: «¿ Por qué?». Enseñen a los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el porqué de lo que se les manda a hacer, se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad, como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos.

En las escuelas deben estudiar juntos los niños y las niñas. primero, porque así desde niños los hombres aprenden a respetar a las mujeres; y segundo, porque las mujeres aprenden a no tener miedo a los hombres.

Los varones deben aprender los tres oficios principales: albañilería, carpintería y herrería, porque con tierras, maderas y metales se hacen las cosas mas necesarias. Se ha de dar instrucción y oficio a las mujeres, para que no se prostituyan por necesidad, ni hagan del matrimonio una especulación para asegurar su subsistencia.

Al que no sabe, cualquiera lo engaña . Al que no tiene, cualquiera lo compra.



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1.939

Valparaíso

El alumbrero

Cuesta arriba, en el barrio La Rinconada del puerto chileno de Valparaíso, al frente de una casa cualquiera hay un cartel


Luces y Virtudes Americanas Esto es, velas de sebo, paciencia, jabón, resignación, cola fuerte, amor al trabajo.

Adentro, humo de cocina y alboroto de chiquilines. Aquí vive Simón Rodríguez. El maestro de Bolívar tiene en su casa una escuela y una fabriquita. El enseña a los niños la alegría de crear. Haciendo velas y jabones, paga los gastos.

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1851

LATACUNGA

« Ando errante y desnudo...»

En lugar de pensar en medos, en persas, en egipcios, pensemos en los indios. Mas cuenta nos tiene entender a un indio que a Ovidio. Emprenda su escuela con indios, señor rector.

Simón Rodríguez ofrece sus consejos al colegio del pueblo de Latacunga, en Ecuador: que una cátedra de lengua quechua sustituya a la de latín y que se enseñe física en lugar de teología. Que el colegio levante una fabrica de loza y otra de vidrio. Que se implanten maestranzas de albañilería, carpintería y herrería.

Por las costas del Pacifico y las montañas de los Andes, de pueblo en pueblo, peregrina don Simón . El nunca quiso ser árbol, sino viento. Lleva un cuarto de siglo levantando polvo por los caminos de América. Desde que Sucre lo echo de Chuquisaca. ha fundado muchas escuelas y fabricas de velas y ha publicado un par de libros que nadie leyó. Con sus propias manos compuso los libros, letra a letra porque no hay tipógrafo que pueda con tantas llaves y cuadros sinópticos. Este viejo vagabundo, calvo y feo y barrigón, curtido por los soles, lleva a cuestas un baúl lleno de manuscritos condenados a la absoluta falta de dinero y de lectores. Ropa no carga. No tiene más que la puesta.

Bolívar le decía mi maestro, mi Sócrates. le decía: Usted ha moldeado mi corazón para lo grande y lo hermoso. La gente aprieta los dientes, para no reírse, cuando el loco Rodríguez lanza sus peroratas sobre el trágico destino de estas tierras hispanoamericanas:

-¡Estamos ciegos! ¡ciegos!

Casi nadie lo escucha, nadie le cree. Lo tienen por judío, porque va regando hijos por donde pasa y no lo bautizan con nombres de santos, sino que los llama Choclo, Zapallo, Zanahoria y otras herejías. Ha cambiado tres veces de apellido y dice que nació en Caracas, pero también dice que nació en Filadelfia y en Sanlúcar de Barrameda. Se rumorea que una de sus escuelas de Concepción, en Chile fue arrasada por un terremoto que Dios envío cuando supo que don Simón enseñaba anatomía paseándose en cueros ante los alumnos.

Cada día está más solo don Simón. El más audaz, el más querible de los pensadores de América, cada día mas solo. a los ochenta años escribe:

-

«Yo quise hacer de la tierra un paraíso para todos. La hice un infierno para mi.»



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1.851

Las ideas de Simón Rodríguez:

«O inventamos o estamos perdidos»

¡ Vea la Europa como inventa, y vea la América como imita!
Unos toman por prosperidad el ver sus puertos llenos de barcos... ajenos, y sus casas convertidas en almacenes de efectos... ajenos. Cada día llega una remesa de ropa hecha y hasta de gorras para los indios. En breve se verán paqueticos dorados con armas de la corona, conteniendo greda preparada «por un nuevo proceder» para los muchachos acostumbrados a comer tierra.

¡Las mujeres confesándose en francés! ¡ los misioneros absolviendo pecados en castellano!
La América no debe imitar servilmente, sino ser original.
La sabiduría de la Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nada quieren las nuevas repúblicas admitir, que no traiga el pase... Los estadistas de esas naciones, no consultaron para sus instituciones sino la razón; y ésta la hallaron en su suelo.

¡ Imiten la originalidad, ya que tratan de imitar todo!
¿Donde iremos a buscar modelos? Somos independientes, pero no libres; dueños del suelo, pero no de nosotros mismos.

Abramos la historia: y por lo que aun no esta escrito, lea cada uno en su memoria.



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1.853

Paita

Los tres

Ya no viste de capitana, ni dispara pistolas, ni monta a caballo. No le caminan las piernas y todo el cuerpo le desborda gorduras; pero ocupa su sillón de inválida como si fuera trono y pela naranjas y guayabas con las manos más bellas del mundo.

Rodeada de cántaros de barro, Manuela Sáenz reina en la penumbra del portal de su casa. Más allá se abre, entre cerros del color de la muerte, la bahía de Paita. Desterrada en este puerto peruano, Manuela vive de preparar dulces y conservas de frutas. Los navíos se detienen a comprar. Gozan de gran fama, en estas costas, sus manjares. Por una cucharita, suspiran los balleneros.

Al caer la noche, Manuela se divierte arrojando desperdicios a los perros vagabundos, que ella ha bautizado con los nombres de los generales que fueron desleales a Bolívar. Mientras Santander, Páez, Córdoba, Lamar y Santa Cruz diputan los huesos, ella enciende su cara de luna, cubre con el abanico su boca sin dientes y se echa a reír. Ríe con todo el cuerpo y los muchos encajes volanderos.

Desde el pueblo de Amotape viene, a veces, un viejo amigo. El andariego Simón Rodríguez se sienta en una mecedora, junto a Manuela, y los dos fuman y charlan y callan. Las personas que más quiso Bolívar, el maestro y la amante, cambian de tema si el nombre del héroe se cuela en la conversación Cuando don Simón se marcha, Manuela pide que le alcancen el cofre de plata. Lo abre con la llave escondida en el pecho y acaricia las muchas cartas que Bolívar había escrito a la única mujer, gastados papeles que todavía dicen: Quiero verte y reverte y tocarte y sentirte y saborearte... Entonces pide el espejo y se cepilla largamente el pelo, por si él viene a visitarla en sueños.

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1.854

Amotape

Cuenta un testigo cómo Simón Rodríguez se despidió del mundo.

Don Simón, tan luego vio entrar al cura de Amotape, se incorporo en la cámara, se sentó, hizo que el cura se acomodara en la única silla que había y comenzó a hablarle algo así como una disertación materialista. El cura quedó estupefacto, y apenas tenía ánimo para pronunciar algunas palabras tratando de interrumpirlo·



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